Ayunar entre la cena y el desayuno: no para exigirle más a tu cuerpo, sino para dejarlo descansar
- laura callejo
- hace 3 horas
- 2 Min. de lectura

En los últimos años se ha hablado mucho del ayuno intermitente.Y como casi todo en bienestar femenino, se ha contado mal: como reto, como disciplina, como fuerza de voluntad.
Pero el ayuno más importante —y el más olvidado— no empieza por saltarte comidas. Empieza por respetar el descanso natural entre la cena y el desayuno.
Y eso, en mujeres agotadas, estresadas o con desregulación hormonal, no es una moda. Es fisiología básica.
El cuerpo también necesita cerrar el día
Durante la noche, tu cuerpo no “se apaga”. Hace justo lo contrario: repara, limpia, equilibra y regula.
Para que eso ocurra, necesita una señal clara:
“Ya no tengo que digerir. Ahora puedo descansar.”
Cuando cenas tarde, muy pesado o picoteas hasta el último momento, el cuerpo entra en la noche en modo trabajo, no en modo reparación.
Desde la PNIE esto tiene consecuencias claras:
Se altera la secreción de melatonina
El cortisol nocturno se mantiene alto
El sistema digestivo no descansa
El sistema nervioso no entra en calma profunda
Y al día siguiente…te despiertas cansada, con hambre desordenada, ansiedad o necesidad urgente de azúcar.
El ayuno nocturno suave: una herramienta reguladora
No hablamos de ayunos extremos. Hablamos de algo natural, femenino y reparador:
👉 Dejar entre 12 y 14 horas entre la cena y el desayuno, cuando el cuerpo está preparado.
Este pequeño gesto puede:
Mejorar la sensibilidad a la insulina
Reducir inflamación silenciosa
Favorecer descanso profundo
Estabilizar el apetito matinal
Bajar el ruido mental
No porque “adelgace”, sino porque devuelve coherencia al sistema.
Pero ojo: no es para todas ni para todo momento
Aquí está la parte importante (y poco dicha):
🔸 Si estás muy estresada🔸 Si duermes muy mal🔸 Si tienes ansiedad intensa por la mañana🔸 Si vienes de restricción o dietas rígidas
👉 Forzar el ayuno puede ser contraproducente.
En esos casos, el cuerpo interpreta el ayuno como amenaza, no como descanso. Y responde elevando cortisol, no regulándolo.
Por eso el ayuno nocturno no se impone. Se construye desde la seguridad.
Cómo saber si tu cuerpo está preparado
El ayuno suave funciona cuando:
Te despiertas con hambre tranquila, no desesperada
Tu energía es más estable por la mañana
No necesitas café urgente para “arrancar”
Tu digestión mejora
Tu mente amanece más clara
Si no es así, el primer paso no es ayunar. Es regular el sistema nervioso.
El ayuno como descanso, no como control
Cuando el ayuno se hace desde la calma:
El cuerpo baja la guardia
La inflamación disminuye
El hambre se ordena
La relación con la comida se suaviza
Cuando se hace desde la exigencia:
El cuerpo se defiende
Aparece ansiedad
Se rompe la confianza corporal
El mismo gesto. Dos mensajes muy distintos.
🌙 Frase para integrar
“El cuerpo no necesita pasar hambre. Necesita pasar la noche en paz.”




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