Cada vez que te abandonas, tu cuerpo toma nota.
- laura callejo
- 16 feb
- 2 Min. de lectura

No lo hace para castigarte. No lo hace para traicionarte. Lo hace porque el cuerpo es memoria viva.
Cada vez que dices “aguanto un poco más” cuando estás agotada. Cada vez que comes deprisa sin hambre real. Cada vez que te callas algo que te pesa. Cada vez que sigues funcionando cuando lo que necesitas es parar.
Tu cuerpo toma nota.
No en forma de culpa, sino de adaptación. El cuerpo siempre intenta protegerte, incluso cuando tú no puedes.
El abandono no siempre es evidente
A veces no es un gran descuido. Es algo mucho más sutil:
Dormir menos de lo que necesitas “solo esta semana”.
Vivir en tensión constante sin darte cuenta.
Priorizar siempre a los demás antes que a ti.
Normalizar el cansancio, la inflamación, el dolor.
Desconectarte de lo que sientes para poder rendir.
Eso también es abandono. Y el cuerpo, silenciosamente, se ajusta… hasta que ya no puede más.
Lo que el cuerpo hace cuando no lo escuchas
Cuando no hay espacio emocional, el cuerpo habla con síntomas. No para llamar la atención, sino porque es el único lenguaje que le queda.
El sistema nervioso se mantiene en alerta.
Las hormonas pierden su ritmo natural.
El cortisol se eleva para sostenerte.
La digestión se enlentece.
La energía deja de ser estable.
El descanso ya no repara.
No ocurre de un día para otro. Ocurre poco a poco, como tú te has ido dejando para después.
No es debilidad. Es sensibilidad acumulada
Tu cuerpo no es frágil. Es profundamente sensible a cómo lo tratas.
Cada vez que te abandonas, él aprende que tiene que sostener solo. Y sostener sola cansa.
Por eso muchas mujeres llegan a consulta diciendo:
“No sé qué me pasa, pero ya no me siento yo”.
La respuesta no suele estar en hacer más, sino en dejar de abandonarte.
Volver a ti no es un gran gesto
No empieza con una rutina perfecta ni con un cambio radical. Empieza con pequeñas elecciones conscientes:
Escucharte antes de exigirte.
Descansar antes de romperte.
Comer con presencia, no con prisa.
Poner límites sin culpa.
Sentir sin tener que justificarlo.
Cada vez que te eliges, tu cuerpo también toma nota.
Y entonces cambia el mensaje interno:“ No estoy sola. Me tengo.”
Frase para cerrar y recordar
“Tu cuerpo no guarda rencor. Guarda memoria. Y siempre está dispuesto a volver contigo.”




Comentarios